martes, 11 de marzo de 2014
EL YARAVÍ UNA CREACION DEL PERÚ INDEPENDIENTE
Originalmente, el harawi indio prehispánico era un canto ritual elegíaco, de despedida o fúnebre, no sólo constreñido a lo amoroso; se acompañaba con la quena o flauta de hueso. El yaraví mestizo, cristalizado a comienzos del siglo XIX, se hace más romántico, ligado a las nostalgias del amor distante o perdido. José María Arguedas, sostiene que “El Yaraví es un género de música tradicional que apareció en la ciudad de Arequipa y se difundió luego en toda la Sierra peruana, aclimatándose en cada región con ciertos caracteres regionales. El yaraví es una creación del Perú independiente…”
A lo largo de los siglos XIX y XX, Arequipa experimentó revoluciones de alcance regional y nacional a cuyo fragor, autores anónimos compusieron muchos de los más hermosos yaravíes; inspirados por la temprana y heroica muerte del poeta romántico Mariano Melgar, muchos de estos compositores populares tomaron las letras de sus poesías, inmortalizando su figura como ícono fundacional del nuevo yaraví mestizo.
Al cántico/ dormirás,/ media noche / yo vendré.
Este yaraví revela el entusiasmo del ánimo del cantor, previo al favor o el disfavor de la dama que le atraía. Son versos breves, insinuantes, caricioso en la flauta del indio enamorado, henchido de entusiasmo y de frenesí, una verdadera invitación al amor, delirantes de sexo, de esperanza, de regocijo y de vida.
Dos amantes palomitas/ tienen pesar, se entristecen,/ gimen, lloran, palidecen /
con un inmenso dolor.
Bello yaraví perteneciente al Ollanta, cantado en la escena V del primer acto y escrito hacia 1780. Una viva comparación de las avecillas amorosas y tiernas con el corazón amante. Al terminar el canto, Cusi Coyllor, la novia indígena, exclama: "Verdad dice este yaraví: basta de cantar, pues ya mis ojos se convierten en torrentes de lágrimas". Tiene razón Cusi Coyllor, los versos son de una nostalgia sentimental hasta el llanto.
Mariano Melgar es sin lugar a dudas el poeta criollo que refleja el alma indígena en sus yaravíes, con un acento americano popular y romántico propio
Todo mi afecto puse en una ingrata
y ella inconstante me llegó a olvidar
si así, si así se trata,
un afecto sincero,
amor, amor no quiero,
no quiero más amar.
En los yaravíes Melgar encuentra la vena de lo popular y da rienda suelta a su espíritu reprimido de libertad, su adhesión a los débiles a los oprimidos. Al asumir los yaravíes como forma poética Melgar es consciente de los propósitos que persigue: comunicar un mensaje revolucionario, tanto como expresar su afecto sincero a esa amada eterna: su patria que le vio nacer. Su discurso poético se dirige hacia esos corazones fértiles de los jóvenes para inspirarles el sentimiento de amor a la patria, a la nacionalidad.
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