martes, 11 de marzo de 2014
COMENTARIO SOBRE EL GORDO Y EL FLACO
Antón Chejov Pavlovich es una de las grandes glorias de las letras, especialmente del teatro ruso. A los 30 años era tal su fama como cuentista que pudo abandonar su carrera de medicina para dedicarse de lleno a la literatura. El GORDO Y EL FLACO es un breve relato que refleja de manera realista la sociedad clasista de la Rusia pre bolchevique de finales del siglo XIX. Una sociedad individualista donde el burocratismo del estado frena el desarrollo, alimenta la brecha de la desigualdad y la discriminación.
El relato tiene como escenario una estación de ferrocarril de la línea Nikoláiev, ambiente propicio para que el azar reencuentre a dos amigos de la infancia, uno el gordo que representa el sector de la clase media ascendente que va logrando su realización profesional - personal y el otro el flaco que representa a la clase media baja que ve lejana sus nobles aspiraciones y que tampoco ha satisfecho sus necesidades básicas. De seguro que el autor se propuso recrear con este encuentro casual, el desencuentro social y económico de la Rusia de ese entonces.
El relato parece sugerirnos una máxima; la felicidad de los desposeídos dura poco, es escurridiza como el agua entre las manos. “Los amigos se besaron tres veces y se quedaron mirándose el uno al otro con los ojos llenos de lágrimas. Los dos estaban agradablemente asombrados”. Hasta allí la felicidad del flaco. La maestría de Chejov, influenciada por su excelente dramaturgia, hace que esta felicidad se troque en desdén, en resentimiento discriminante: “He llegado ya a consejero privado. Tanto dos estrellas. Súbitamente el flaco se puso pálido, se quedó de una pieza; pero en seguida torció el rostro en todas direcciones con la más amplia de las sonrisas; parecía que de sus ojos y de su cara saltaban chispas. Se contrajo, se encorvó, se empequeñeció... Maletas, bultos y paquetes se le empequeñecieron, se le arrugaron. El largo mentón de la esposa se hizo aún más largo; Nafanail se estiró y se abrochó todos los botones de la guerrera…”
Para terminar el comentario, podemos decir que hay dos aspectos característicos que embellecen el relato: la arquitectura antagónica moderada en el diseño de sus personajes y esa atmósfera de bellas imágenes que le dan al relato un toque de humor fino bien conducido que hacen que los aspectos políticos de fondo queden velados dándole soporte al cuento.
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