martes, 11 de marzo de 2014

POETAS EXTRAÑOS

Desde que tuve doce años soñaba con ser poeta, cada vez que en el Colegio nos preguntaban que íbamos a ser en el futuro yo mentía, mi respuesta era periodista, roñoso disimulo. Cuando cursaba el tercer año, volví a escudarme con el cuento del periodista, pero un compañero de carpeta por pura casualidad en vez de decirme periodista me decía con afecto poeta. Existen insólitos lugares, insólitos espíritus, así como existen extrañas personas; existen tierras santas, aguas turbias y, aire fresco, pero también existen hombres malditos. Ese año que cursaba el tercero me encontré con ese grupo de poetas malditos, desde aquella vez mi pasión por las matemáticas sucumbieron a la literatura, me hice poeta en el silencio, en el anonimato, me instalé en una atalaya a donde subía y bajaba con entusiasmo para encontrarme con esos jóvenes genios de piel amarilla, ilusos, ensimismados con los brazos cruzados; imaginarios artistas solitarios, de alma rebelde, sedientos y orgullosos. En esos castillos al aire radicaba la fuerza, la paz, la nada, el amor y la vergüenza. En ese templo inventado imperaba la obstinación, la fantasía, la libertad, la locura y la muerte. “Naturaleza es templo donde vivos pilares/ dejan salir a veces tal cual palabra oscura;/ entre bosques de símbolos va el hombre a la ventura, / que lo contemplan con miradas familiares…(de Correspondencias), ¿A qué naturaleza se refiere Baudelaire?, ¿La naturaleza de la que habla el poeta es el poema mismo, si es así, el poema es un templo?. Desde aquellos años primaverales de la secundaria, vi en Charles Baudelaire un poeta intelectual y sensual, me enseñó que las palabras tenían un poder evocador, creaban imágenes y estados de ánimo. Fue Arthur Rimbaud que me deslumbró con su TEMPORADA EN EL INFIERNO, propuesta de verbo poético accesible a todos los sentidos, un libro que semeja a un exótico jardín lleno de perfumes, sonidos, colores. Rimbaud muestra una imaginación ardiente hasta llegar a un verso libre. Es sin lugar a dudas el genio que escribe poemas inmortales a los diecisiete años. Una verdadera explosión, una excitación turbulenta. “Cielos grises de cristal, un extraño trazo de puentes, unos rectos, otros curvados, otros que bajan oblicuamente en ángulo sobre los primeros, y estas figuras se van repitiendo en los otros circuitos iluminados del canal, pero todos ellos tan largos y ligeros, que las orillas, cargadas de catedrales, se hunden y se empequeñecen. Algunos de estos puentes están cargados todavía de casuchas. Otros sostienen mástiles, señales y frágiles parapetos. Acordes menores se cruzan y huyen; del talud suben unas cuerdas. Se distingue una chaqueta roja, quizá también otros vestidos e instrumentos de música. ¿Serán tonadas populares, fragmentos de conciertos señoriales, restos de himnos públicos? El agua es gris y azul, ancha como un brazo de mar”. Es verdad Rimbaud con este poema de la conectividad, lo que busca es la destrucción de la realidad, pareciera que quisiera despedazar lo existente, deformar y desde la destrucción imponer su propia creación bajo el gobierno de la fantasía. Su ataque es contra la la tradición, la belleza, contra el hombre y contra una sociedad de espíritu decadente. Pero quien fascino mi espíritu fue el genial Paul Verlaine, que vendría a ser como el conductor de esta peregrinación de poetas que van enamoradizos por el mundo, van caminando a pie, descalzos, dejando todo atrás y es cuando ratifico mi vocación poética, aún sin serlo, dejemos que el conductor nos transmita unas arengas pues el camino será largo y tedioso. Del dolor y la tristeza brotará la dicha y el placer: “Es necesario vez?, perdonarlos todos;/ así podremos ser muy dichosos quizá/ y si la vida tiene momentos muy contrarios,/podremos, por lo menos, ser dos para llorar./ Siendo almas hermanas como somos, mezclemos/ con confusos deseos esa dulzura ingenua / de caminar muy lejos de mujeres y de hombres,/ en el tranquilo olvido de lo que nos destierra./ Seamos cual dos niños, como dos jovencitos/ de nada sorprendidos y por todo asombrados,/ que palidecen bajo de los verdes ramajes/ sin conocer siquiera que han sido perdonados.” Como vemos se trata de una poesía fresca y ágil que surge de lo profundo del ser; por eso posee una fisonomía particular, de confesión de la memoria. Es un poeta original, de lenguaje inconfesable y melodioso, Por momentos se percibe un tono religioso y sensual, la gracia y la dulzura, la pasión y la ternura todo dentro de un mundo, llamado verlanesco. En Verlaine se encuentra un predominio del instinto sobre la mente. Su forma de pensar está movida por las emociones, sus versos revelan lo que él es, su vida desolada, dispar y turbulenta. Cada verso, cada palabra acusa una vivencia escondida. Estos tres maestros se convirtieron en el centro de mis inquietudes literarias, mi quimera, mi desvelo y desde la adolescencia anduve buscando comprender esta poesía hermética, misteriosa, invisible, difícil, rara pero bella. Lo bueno a veces se vuelve esquivo, mi búsqueda tras largos años al fin tuvo algún resultado, ahora me toca fungir de periodista en el siguiente reportaje a uno de los genios del simbolismo. -PI. ¿Por qué una temporada en el infierno? -AR. Porque viví en el infierno, en la miseria, el alcoholismo y el fracaso de la aventura que tuve con Verlaine. Pero también es el deseo de cantar mi odio a la civilización europea, mercantil, clerical, militar. -PI. ¿Poéticamente cuál era tu propósito con este libro? -AR. Hallar la belleza por medio de una alucinación voluntaria. Comencé por inventar el color de las vocales: “A negra, E blanca, I roja, U verde, O azul: vocales”. Buscaba un sistema de correspondencias entre los sonidos y los colores, un sistema de correspondencia entre el pasado para mí execrable y un futuro que me daba temor. -PI. ¿Cuándo iniciaste a escribir poesía? -AR. Escribí mis primeros versos cuando apenas contaba con siete años y lo dejé para siempre a los veinte. -PI. ¿Por qué el poeta debería hacerse vidente? -AR. Porque el poeta si desea comprender la realidad debería de hacer un desarreglo de todos sus sentidos por medio de un largo e inmenso proceso racional. El poeta debe vivirlo todo, sufrirlo todo, para así poder convertirse en un mago de las palabras y hallar la perfección máxima en la poesía. -PI. ¿Quiénes fueron tus padres? -AR. Mis padres fueron: Frederick Rimbaud y Vitalie Cuif, se casaron el 8 de octubre de 1853 y se trasladaron a un apartamento en la calle Napoleón en Charleville, departamento de las Ardenas. Debido al trabajo, mis padres no se veían más que en raras ocasiones o en fechas de importancia, como cuando nacimos. Después del nacimiento de la bella y última hermana, mis padres se separaron definitivamente, el capitán Rimbaud abandonó la familia y no volvió jamás a Charleville. -PI. ¿Cuándo te das cuenta de tu pasión por la poesía? -AR. A temprana edad cuando ingresé a la escuela Rossat en un barrio de obreros de Charleville. En octubre obtuve mis primeros reconocimientos. -PI. ¿Se puede decir que el año 1865 fue un año redondo para Rimbaud? -AR. Es verdad, en 1865 entré al colegio municipal de Charleville, donde rápidamente destaqué como alumno brillante; y obtuve premios en literatura, lengua y otras asignaturas. Compuse en latín incluido poemas, elegías y diálogos. -PI. ¿No te parece que el año 1869 fue el que marcó un hito importante en tu vida? -AR. En julio de 1869 participé en un concurso de composición en latín con el tema Yugurta, el cual ocupé el primer lugar. El director emocionado dijo: “Nada ordinario germina en esta cabeza, será un genio del mal o un genio del bien”. Habiendo obtenido notables reconocimientos a los 15 años me fui de camino por el mundo. -PI. ¿Cuándo entablas amistad con Georges Izambard? -AR. En 1870, durante su clase de retórica, entablo amistad con el profesor Georges Izambard, fue él quien me prestó los Miserables de Víctor Hugo. Por esa época es cuando edité mi primer poema, Los aguinaldos de los huérfanos, en la revista Revue pour tous en enero de 1870. -PI. ¿Cuál era su orientación poética por esos tiempos? -AR. Por esos tiempos mi orientación poética estaba en la línea de los parnasianos, por aquel entonces publicamos nuestros textos en la revista literaria El Parnaso contemporáneo. El 24 de mayo de 1870, escribí una carta al máximo líder del Parnasianismo Theodore de Banville, diciendo que tenía 18 años y dándole a conocer mis deseos de convertirme en parnasiano y que publicaran mis textos. Para esto adjunté tres poemas: Ofelia, En las tardes azules estivales y Credoin unam. Banville me responde con afecto, pero los poemas no aparecieron en El Parnaso contemporáneo. -PI. ¿Es verdad que soñabas con irte a Paris? -AR. Por esos años mi sueño era ir a París, quería probar ese espíritu revolucionario del pueblo parisino; pues en casa me aburría los problemas con mi madre. Durante las vacaciones escolares de 1870, el 29 de agosto, ya de 16 años, logré escapar la vigilancia materna y me fui a París. Tenía una gran curiosidad y no encontraba el momento oportuno de lanzarlo la pregunta clave, ya que me había ganado su confianza, creí oportuno, lanzar mi dardo. -PI. ¿Cómo es que conoces y te involucras con Paul Verlaine? -AR. Fui convencido por Charles Bretagne de escribirle una carta a Paul Verlaine, un eminente poeta simbolista, después de no haber obtenido respuesta de otros poetas. Envié a Verlaine dos cartas con varios poemas, incluyendo Las primeras comuniones y El barco ebrio. Verlaine quedó intrigado al leer mis poemas y me respondió diciendo: “Ven querida gran alma. Te esperamos, te queremos” Junto a la carta mandó un boleto de tren a París. Desde el 15 de setiembre de 1871 pasé a vivir con él y su esposa. Verlaine estaba casado con Mathilde Mauté, quien tenía diecisiete años y estaba embarazada. Desde entonces no regresé al colegio. -PI. ¿Cómo te recibieron en París los artistas e intelectuales? -AR. Fui bien recibido por todas las grandes figuras, a las que con el tiempo conocí personalmente: Víctor Hugo, Charles Cros, André Gill, e incluso por unos días viví en casa de Théodore de Banville. -PI. ¿Cómo fue tu relación con Paul Verlaine? -AR. Fue una relación tormentosa, que nos condujo a Londres en setiembre de 1872. Verlaine abandonó a su esposa e hijo. Vivimos en una considerable pobreza en Bloomsbury y en Camden Town, viviendo de dar clases de francés y de una pequeña mensualidad que nos daba la madre de Verlaine. Pasé mis días en el Museo Británico. -PI. ¿Por qué surgieron los conflictos entre Verlaine y usted? -AR. Me acostumbré a burlar y humillar a Verlaine, y la indolencia de Verlaine hizo que la relación entre ambos se deteriorara. A principios de julio de 1873 Verlaine no aguantó más y huyó desesperado a Bruselas, desde donde me dijo que trataría de reconciliarse con su esposa y que si ella no lo aceptaba se iba a matar. Partí de inmediato a Bruselas y me reuní allá con Verlaine y con la madre. -PI. ¿En qué circunstancias te agredió en la muñeca? -AR. Poco después de varias discusiones, Verlaine en estado de embriaguez me disparó en la muñeca. A partir de este incidente y observando su comportamiento irracional es que decidí marcharme, pero antes, temiendo por mi vida, llamé a la policía. Verlaine fue arrestado y sometido a dos años de prisión. -PI. ¿Es verdad que a partir de esta experiencia, escribiste Una temporada en el infierno? -AR. Luego de aquellos sucesos regresé a Charleville y me recluí en la granja familiar para escribir la única obra que publiqué, Una temporada en el infierno, donde describí parte de mi vida con Verlaine, mi virgen demente y el esposo infernal. -PI. ¿Cuándo escribiste Iluminaciones? -AR. En 1874 regresé de Londres en compañía del poeta Germain Nouveau y terminé de escribir mis controvertidas Iluminaciones que incluyen los dos primeros poemas en verso libre. -PI. Generalmente se ha definido la lírica como el lenguaje del sentimiento del alma personal. Es eso lo que el simbolista desea evitar. -AR. En el poema simbolista, todo lo humano, con su vivencia, con sus sentimientos y con su personalidad ha sido excluido. El poeta no es más un individuo privado, sino una inteligencia que crea poesía, un operador del lenguaje que ensaya la revolución de su fantasía o de su irreal manera de ver una materia cualquiera. El reportaje con Rimbaud sería de nunca acabar y es que el cuadernillo de preguntas previamente elaboradas, aún no se ha desarrollado ni siquiera la tercera parte, pero podríamos en algún momento colmar la paciencia de usted amigo lector. Para terminar con este reportaje debo acotar que este grande de la poesía moderna, dejó de existir un 10 de noviembre de 1891 en Marsella (Francia) a la edad de 37 años. Hace exactamente 37 años desde que soñaba con ser poeta, hoy si los alumnos me preguntasen con que otra actividad compartiera la docencia, mi respuesta al igual que al principio sería el periodismo y quién sabe a la vuelta de la esquina al encontrarme con aquel compañero de carpeta; me diría con el mismo afecto de siempre, hola compañero poeta. Ha pasado más de 120 años, desde que naciera Rimbaud y más de 36 años desde que tuve mi primer contacto con los parnasianos y simbolistas, los cambios se han dado vertiginosamente, pero yo sigo admirando a ese grupo de poetas extraños, genios, solitarios, de alma rebelde, sedientos y orgullosos, videntes que han registrado lo inefable a través de la alquimia verbal, alucinaciones e invenciones que han cambiado mi vida, sino en extraño poeta, pero si en un degustador de poesía que un día menos pensado se encontró con Arthur Rimbaud después de 120 años de su muerte, dispuesto a dar este reportaje.

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